sábado, 21 de noviembre de 2009

El Rincon del Poeta

Hoy mi amigo y compañero de lucha Eduardo Garcia, me acerco un poema que me gusta mucho, se los copio para compartir este buen momento
Oscar

Para vos Oscar y para todos los que sienten de la misma manera el futbol, va este poema de HECTOR NEGRO:

LA CANCHA ERA OTRA COSA

(A la vieja cancha de Platense, de Manuela Pedraza y Cramer, la primera que fue familiar a mi infancia)

La cancha era otra cosa, era el potrero
con las rayas de cal y el alambrado
que lo amarraban bajo el cielo.
Era la casa del canchero
con la soga hamacando pantalones,
Camisetas y medias. Y un mitín de gorriones barulleros.
Y la lata de aceite con malvones.
El canchero....!
Chingolo.....con mas de medio siglo allí, en su oficio.
Mas firme que los postes, como el árbol,
por todas sus raíces. Y fué arquero
también (y lo fue en serio).
En tiempos en que a la cancha entraba el aguatero
y abajo del "tablón", en noches claras,
solía haber asados, guitarreadas
y la memoria de los entreveros.
La cancha era otra cosa, era el barrio
congregado en la tarde del domingo
para vivir su fiesta,
Roja en el ansia y en el calendario.
Era un encuentro de barras seguidoras
que venían del café, de alguna esquina,
y en el tablón flameaba igual que las banderas,
la muchachada, en olas que estallaban
en cantos que el recuerdo nos arrima.
Era aquel pañuelito verde y sano
que entreveraba el sol y el griterío.
Aquel cerco de chapas y el otro de ladrillos sin revoque,
sobrevivientes del fugaz baldío.
con musgo, enredaderas y unos dientes de vidrio,
-por ahí-,
para que no se cole el piberío.
Era los jueves con partidos de reserva
el tablero del "Alumni", el eco de aquel "chuenga"
y la magia feliz de un tiempo huido
que parecio una siesta.
Era otra cosa, digo, por ejemplo
que no era el estadio de cemento.
era el f´útbol sin "prode" o pizarrones,
con "centroforvar" y sin "cuerpos técnicos".
Era eso, la cancha era otro tiempo.
El potrero amarrado, la pelota con tiento.
El "centrojás", los "güines", la hinchada en los camiones,
Todo el domingo entero
hasta la última sexta que agotaba el diariero.
Pañuelo a cuatro nudos jugando de sombrero.
los lunes con cargadas, la discusión hecha un reguero
Era otra cosa, era la cancha, siemrpe capaz de tantos jubileos.
Cuando sobraba el verde en el paisaje,y había "yapas"
y siempre se oía un tango, cerca o lejos,
y el viento entre los árboles acunaba los ecos
de los últimos goles, y uno los atrapaba porque había silencio
en aquellos crepúsculos y acaso, bajo el cielo
sentía que le sobraban las estrellas y el tiempo.
Era otra cosa, era la Cancha.
El potrero empilchado de domingo.
Pagano, caótico, con cantureados rezos,
pero un templo,
donde el grito de gol era, acaso entre tantos,
el milagro mas cierto.

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